Historias de solidaridad y rescates que mantienen viva la esperanza tras el terremoto en Colombia
Mientras las cifras de víctimas aumentan y continúan las labores de búsqueda tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió gran parte del occidente colombiano, entre el dolor también han comenzado a surgir historias que recuerdan la capacidad de solidaridad de los colombianos en los momentos más difíciles.
En ciudades como Cali, Apartadó, Manizales y Pereira, rescatistas, médicos, voluntarios y ciudadanos anónimos han trabajado durante horas sin descanso para salvar vidas, remover toneladas de concreto y brindar ayuda a quienes lo perdieron todo.
Entre el ruido de las máquinas, el polvo y el silencio que precede cada búsqueda, una frase se ha convertido en símbolo de esperanza.
«¡Sí se puede! ¡Sí se puede!»
Es el grito que acompaña cada señal de vida encontrada entre los escombros.
Un grito que devuelve la esperanza
Las escenas se repiten una y otra vez.
Rescatistas levantan la mano pidiendo silencio absoluto mientras intentan escuchar algún sonido bajo las estructuras colapsadas.
Una respiración.
Un golpe.
Una voz.
Cuando aparece cualquier señal de vida, el silencio se rompe con aplausos y un grito colectivo que ya se convirtió en el himno de esta tragedia.
«¡Sí se puede!»
Ese mensaje ha acompañado cada rescate exitoso en medio de edificios destruidos y barrios enteros reducidos a montañas de concreto.
Cali no deja de buscar sobrevivientes
Una de las ciudades más golpeadas por el terremoto ha sido Cali.
Con decenas de edificaciones colapsadas y miles de personas evacuadas, la capital del Valle continúa viviendo jornadas ininterrumpidas de búsqueda.
Durante la noche, cientos de voluntarios se unieron espontáneamente a los organismos de socorro.
Muchos llegaron con herramientas.
Otros con agua.
Otros simplemente ofrecieron sus manos para retirar escombros.
Familias enteras permanecen frente a los edificios destruidos esperando noticias de sus seres queridos mientras observan cada movimiento de los equipos de rescate.
Un padre espera el milagro
Entre quienes aguardan una noticia está Alexánder Giraldo.
Su hija, Iliana Giraldo, de apenas 11 años, permanece desaparecida tras el colapso de una edificación en el barrio Capri.
Desde el primer momento, el hombre no se ha separado del lugar.
Observa cada maniobra de los rescatistas con la esperanza de verla salir con vida.
Cada sonido que proviene del interior del edificio representa una posibilidad.
Cada rescate alimenta la ilusión de volver a abrazarla.
El bebé que volvió a nacer
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió precisamente en Cali.
Los equipos de emergencia lograron rescatar con vida a Salomón, un bebé que permanecía atrapado bajo los escombros de un edificio de cinco pisos.
Junto al pequeño también fue encontrado con vida su padre, Juan David.
El rescate despertó lágrimas, aplausos y abrazos entre rescatistas y ciudadanos que durante horas habían trabajado sin descanso.
Ahora la búsqueda continúa para encontrar a Valentina, la madre del menor.
El médico que regresó por dos recién nacidos
Otra historia que ha conmovido al país ocurrió en Apartadó, Antioquia.
Mientras la Clínica Panamericana era evacuada por el riesgo estructural, el médico Germán Somoyar tomó una decisión que pudo costarle la vida.
Regresó al interior del edificio para rescatar a dos bebés recién nacidos.
Mateo y Salomón permanecían en el área de obstetricia cuando comenzó la evacuación.
El profesional ingresó nuevamente a la estructura, los tomó en sus brazos y logró ponerlos a salvo.
Su acción ha sido reconocida como uno de los actos de mayor valentía registrados durante la emergencia.
Enfermeras que nunca abandonaron a sus pacientes
En Cali, las enfermeras del Hospital Universitario del Valle también protagonizaron una escena que recorrió el país.
Después de evacuar la institución, trasladaron a varios recién nacidos hacia el exterior.
Lejos de suspender la atención, improvisaron una unidad neonatal en plena calle.
Allí continuaron suministrando medicamentos, realizando controles médicos y monitoreando el estado de los bebés mientras el hospital permanecía bajo evaluación.
Hoteles abren sus puertas a damnificados
La solidaridad también llegó desde el sector privado.
En Manizales, el Hotel Campestre Monte Carlo anunció alojamiento gratuito para personas afectadas por el terremoto.
Inicialmente fueron habilitadas diez habitaciones con capacidad para unas 50 personas, aunque el establecimiento informó que podría ampliar la atención si la emergencia lo requiere.
En Cali, Hoteles Spiwak abrió habitaciones para médicos, rescatistas y personal humanitario que trabaja sin descanso atendiendo la tragedia.
La iniciativa busca ofrecer espacios de descanso para quienes permanecen durante jornadas continuas en las zonas de desastre.
Miles de manos trabajando por desconocidos
En diferentes ciudades afectadas por el terremoto comenzaron a multiplicarse los gestos de solidaridad.
En Cali, Quibdó, Pereira y Manizales, cientos de ciudadanos decidieron convertirse en voluntarios.
Muchos nunca habían participado en labores de rescate.
Sin embargo, cargaron baldes, removieron escombros, repartieron agua, alimentos y ayudaron a evacuar personas.
Las escenas muestran cómo, en medio de una tragedia nacional, desaparecen las diferencias para dar paso al trabajo colectivo.
La solidaridad también salva vidas
Mientras las autoridades continúan actualizando el número de víctimas y desaparecidos, el país también presencia innumerables historias de valentía.
Médicos que regresan a edificios en riesgo.
Enfermeras que continúan atendiendo pacientes en plena calle.
Rescatistas que trabajan durante horas sin descanso.
Ciudadanos que ofrecen sus manos para ayudar a personas que nunca habían visto.
En medio del dolor, el terremoto también ha dejado una lección sobre la capacidad de los colombianos para unirse cuando más se necesita.
Y cada vez que entre el silencio aparece una nueva señal de vida, el mismo grito vuelve a escucharse entre los escombros:
«¡Sí se puede!»

